Tarde de poesía, con Antonio Machado

Tarde de poesía, con Antonio Machado

Cuando hacemos algo que nos inspira realmente, le sacamos un provecho incalculable. Da igual que dure unos minutos o algunas horas.

Un viaje en tren (no podía ser de otra forma) me llevó hace unos días a descubrir un sitio mágico con casi 180 años de historia, el Ateneo de Madrid, en el que pasé una tarde de esas que merecen la pena compartir.

Me apasiona recorrer la ciudad en busca de momentos intensos, de lugares cuyos aromas me hagan viajar en el tiempo.

Poesía de Antonio Machado en el Ateneo (2)Y así fue. Estuve en la presentación de una nueva edición de Campos de Castilla del gran poeta Antonio Machado.

Poesía en vivo de un genio muerto ¡que más se puede pedir!.

Personas escuchando a personas, recitando en voz alta “tesoros del ayer” y sonriendo por dentro a cada palabra.

Un rato inolvidable que me hizo recordar mi niñez, descubrir de nuevo a este poeta que también escribió y se inspiró en sus múltiples Viajes en Tren, para luego dejar estos tesoros a la humanidad.

Viajes que transcurrieron por los campos de este país y que aún hoy, para muchos amantes de la poesía, siguen gustando lo mismo.

Por eso he querido dejar por aquí unos versos suyos para que sigan sonando en boca de todos nosotros.

La naturaleza hecha sentimientos, la espiritualidad transformada en sonoras rimas que nos dejan sin aliento.

Ahí van algunos:

En sueños

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero…
-La tarde cayendo está-.
«En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
ya no siento el corazón.»

Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.

La tarde más se obscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
«Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada».

 

XV. De “En sueños”, un evocador  ejemplo de pareado alejandrino:

La calle en sombra. Ocultan los altos caserones
el sol que muere; hay ecos de luz en los balcones.

¿No ves, en el encanto del mirador florido,
el óvalo rosado de un rostro conocido?

La imagen, tras el vidrio de equívoco reflejo,
surge o se apaga como daguerrotipo viejo.

Suena en la calle sólo el ruido de tu paso;
se extinguen lentamente los ecos del ocaso.

¡Oh angustia! Pesa y duele el corazón… ¿Es ella?
No puede ser… Camina… En el azul, la estrella.

 

Tarde

Fue una clara tarde, triste y soñolienta
tarde de verano. La hiedra asomaba
al muro del parque, negra y polvorienta…
La fuente sonaba.

Rechinó en la vieja cancela mi llave;
con agrio ruido abrióse la puerta
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave
golpeó el silencio de la tarde muerta.

En el solitario parque, la sonora
copla borbollante del agua cantora
me guió a la fuente. La fuente vertía
sobre el blanco mármol su monotonía.

La fuente cantaba: ¿Te recuerda, hermano,
un sueño lejano mi canto presente?
Fue una tarde lenta del lento verano.

Respondí a la fuente:
No recuerdo, hermana,
mas sé que tu copla presente es lejana.

Fue esta misma tarde: mi cristal vertía
como hoy sobre el mármol su monotonía.

¿Recuerdas, hermano?… Los mirtos talares,
que ves, sombreaban los claros cantares
que escuchas. Del rubio color de la llama,
el fruto maduro pendía en la rama,
lo mismo que ahora. ¿Recuerdas, hermano?
Fue esta misma tarde de verano.

-No sé qué me dice tu copla riente
de ensueños lejanos, hermana la fuente.

Yo sé que tu claro cristal de alegría
ya supo del árbol la fruta bermeja;
yo sé que es lejana la amargura mía
que sueña en la tarde de verano vieja.

Yo sé que tus bellos espejos cantores
copiaron antiguos delirios de amores:
mas cuéntame, fuente de lengua encantada,
cuéntame mi alegre leyenda olvidada.

-Yo no sé leyendas de antigua alegría,
sino historias viejas de melancolía.

Fue una clara tarde del lento verano
Tú venías solo con tu pena, hermano;
tus labios besaron mi linfa serena,
y en la clara tarde, dijeron tu pena.

Dijeron tu pena tus labios que ardían;
la sed que ahora tienen, entonces tenían.

-Adiós para siempre, la fuente sonora,
del parque dormido eterna cantora.
Adiós para siempre, tu monotonía,
fuente, es más amarga que la pena mía.

Rechinó en la vieja cancela mi llave;
con agrio ruido abrióse la puerta
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave
sonó en el silencio de la tarde muerta.

 

LVII Poemas de tono popular. Consejos

Este amor que quiere ser
acaso pronto será;
pero, ¿cuándo ha de volver lo que acaba de pasar?

Hoy dista mucho de ayer.
¡Ayer es Nunca jamás!


Comparte estos versos con alguien que creas que necesita escucharlos.

¡La poesía es Vida!

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Siempre he querido empezar con este viaje. Acompañarte y que me acompañes. Mi pasión crónica es Escribir...Ella me ha traído hasta aquí y ya no pienso bajarme de este tren... ¿Subes conmigo?

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Comentarios

  1. Hola Sonia! Te he concedido un premio en mi blog. Pásate a verlo a http://icouldbetheoneblog.blogspot.com.es/2014/09/premio-al-blog-one-lovely-blog-award.html Un beso 😉

    • Hola Sara! qué ilusión jejejeje 🙂 Ahora mismo le echo un vistazo a tu entrada, te doy también la enhorabuena por el tuyo 😉 muchísimas gracias por pensar en el Tren de la Musa, es un placer que te guste y que me sigas, un besillo maja!

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