Rescatando momentos (1ª Parte)

Rescatando momentos (1ª Parte)

¿Prefieres escucharme? Dale al Play y te leo el post.

El amor emborracha y ciega al individuo.

A veces privándole de cosas y en algunas ocasiones, otorgándole el poder más salvaje y primitivo de todos.

La idea de placer sin límites enloquece al ser humano, le hace codicioso e insensato hasta tal punto, que aún sin cometer pecado alguno vive con la culpa sin sentirse digno de usar una miserable balanza.

El dolor nos hace resistentes, nos aprieta las desgastadas tuercas y engrasa nuestro sentido del gusto.

Nos obliga a intentar ser más felices cuando no lo sentimos, para saborear la paz que nos queda hasta que de nuevo aparezca.

La calma existe, pero es más azarosa de lo que se piensa. Tiene olas gigantescas que desgastan igual de rápido que las traiciones.

Deja cicatrices únicas e imborrables causadas por acciones rápidas, precipitadas, y mal cosidas. Marcas que se notan, que ensombrecen el rostro del hombre orgulloso y desagradecido.

No todo el mundo la necesita, hay personas que incluso huyen de ella por miedo a que les desestabilice.

Porque gozan con el caos y la vida exagerada, con el cambio de rumbo y los giros inesperados, con el vértigo metido en las venas y el deseo de llegar al siguiente desafío lo antes posible, aún llevando la mochila cargada de problemas…

En ocasiones la integridad nos priva de experimentar cosas increíbles, sensaciones de un calibre divino e inimaginable.

La tentación se lleva siempre dentro. Disfrutarla nos pone en peligro de una u otra forma, pero no hacerlo tampoco resulta muy natural.

Pero como ocurre con los instintos, es un sentimiento regulable y con posibilidad de ser canalizado. La clave sería poder llegar justo al límite sin la necesidad de tener que elegir entre dominarla o desterrarla para siempre.

El sentimiento de culpa es el viaje más largo y tedioso que recorre el alma.

Va y viene a sus anchas en un particular paraíso en el que se mueve libremente, haciendo de los recuerdos y sobre todo de los “derechos” de cualquier ser humano que tenga un corazón puro y carente de malas intenciones, una obligación y un compromiso espesísimo que acaba por pudrir al más “pintao”.

Existen aldeas ruidosas y descomunales, ciudades claustrofóbicas y vacías, playas tenebrosas de arenas sombrías, que jamás serán paradisíacas o tranquilas.

Aguas tan turbias y violentas que ensordecen al hombre…pero no al poeta.

A éste le alimentan, le hacen soñar con “la obra maestra”, con ese cuadro que aún no ha sido pintado, con el esbozo de esa sonrisa vital que le convierte en genio.

Vota este Artículo
Acerca de Sonia Molinero Martín

Siempre he querido empezar con este viaje. Acompañarte y que me acompañes.
Mi pasión crónica es Escribir...Ella me ha traído hasta aquí y ya no pienso bajarme de este tren...
¿Subes conmigo?

Comentarios

  1. Muy interesante !

Opina

*