Fragmentos de Libros Interesantes – Mentira

Fragmentos de Libros Interesantes – Mentira

Este libro es uno de mis preferidos sin duda. Intenso y apoteósico.

Es un viaje apasionante por la mente humana y por todos aquellos rincones del mundo, y del alma, que a veces nos hacen sentir orgullosos de estar un poquito locos.

Por lo menos a mí, estos personajes, me han calado hondo. Son de estas novelas que disfrutas palmo a palmo.

La importancia del recuerdo, del olvido, de las relaciones especiales y primorosas con los seres y con la vida que transcurre lenta por las páginas del libro.

Su autor, Enrique de Hériz, nos sumerge en una apasionantes historia con una narrativa poderosa y llena de mitos y mentiras en la vida de una familia.

Es sin duda un habilidoso escritor. Si no le conoces, te dejo un fragmento que atestigua sin duda lo que te cuento. Como siempre, también te dejaré un enlace más abajo del libro por si quieres hacerte con él.

Fragmento del inicio de “Mentira”, de Enrique de Hériz

¿Muerta? ¿Muerta yo? A quién se le ocurre. No mientras me quede una sola palabra por decir. Estoy en la Posada del Caribe. Llevo aquí casi un mes y medio sin ver a nadie. Mentira: una vez por semana viene Amkiel a traerme provisiones. Los martes, creo, aunque mi noción del tiempo no es demasiado fiable. Aquí todos los días se parecen.

Posada del Caribe. Menudo nombre. Son seis cabañas rectangulares, dispuestas en torno a una cuadrada y mayor que las demás, que cumple las funciones de comedor y centro de intendencia. Todas tienes techumbres de palma. Paredes de troncos gruesos hasta media altura. Grandes cristaleras en la mitad superior. Lástima de mosquiteras. Son tan tupidas que apenas dejan pasar la luz de la jungla, ya de por sí escasa. Porque esto es la jungla de Petén, en el norte de Guatemala. Queda muy lejos el Caribe.

Diez horas en avión de Londres a Miami. Dos más hasta Guatemala capital. Cincuenta minutos en avioneta para llegar a Flores. Sesenta y dos kilómetros en furgoneta por la pista de tierra que lleva a Sayaxché. A mi edad, no está mal. En Sayaxché hay que negociar con los lancheros. Cuesta más paciencia que dinero. Yo me arreglé con Amkiel porque me cayó bien. Tiene la sonrisa típica de los que viven del turismo, entre disuasoria y burlona, pero me pareció serio y responsable. También influyó en mi elección el hecho de que su bote, de fondo plano, pareciera más estable que los demás. Los llaman lanchas, pero son canoas motorizadas. La de Amkiel se llama “La Mimosa”, nombre memorable si no fueran todos parecidos: La Mimosa, La Olvidona, La Celosa, La Tadciturna. Si aún me interesaran esas cosas, investigaría el origen de sus nombres. Quién puso el primero y por qué. Quién imitó a quién. Antes se me daban muy bien esos estudios.

Cualquiera que sea la lancha que escojas, el dinero siempre va a parar a las mismas manos: el patrón. Supongo que tendrá un nombre propio, pero no le conozco. Todos lo llaman patrón y cada paso que di desde mi llegada a Sayaxché ha requerido de su aprobación indirecta. Ni siquiera le he visto la cara, pero sé que debo a su intervención, y al valor de la cantidad justa de dólares, el privilegio de disponer para mí sola de este especie de hotel que podría albergar a poco menos de veinte personas. No es un derroche de generosidad: en condiciones normales la Posada del Caribe estaría cerrada en estas fechas en espera del fin de la temporada húmeda y de la consiguiente desaparición de la plaga de mosquitos que ahora lo invaden. A mí no me molestan los mosquitos [….]

Apenas me costó dos minutos instalarme allí. Solté mi mochila sobre un camastro. Luego fui a la cabaña central y comprobé que la despensa estuviera llena de acuerdo con las instrucciones que había transmitido el patrón el día anterior. Poca cosa. Siempre me dicen que como menos que un pajarito y debe de ser verdad. Supongo que mi profesión me ha acostumbrado a la frugalidad. Mucho arroz blanco. Soy capaz de darme un banquete con unos fideos y un diente de ajo. Mi idea del lujo exótico es un aguacate y ente país abundan. Tras comprobar que todo estuviera en orden, me acerqué a la radio y la desconecté. No malgastar una batería que no vas a usar también es una buena costumbre en mi profesión. Podría decir que la desconecté por eso, por pura prevención, pero eso sería mentira. Una de las ventajas de estas palabras que escribo es que no necesito mentir porque nadie las va a leer nuca. Ni siquiera creo que las relea yo misma. Sólo sirven para nombrar las cosas. Estas páginas no son un monumento a la verdad, ni siquiera una peana para exhibirla, sino su sumidero: el lugar donde deshacerme de ella.

Desconecté la radio porque había venido aquí precisamente a eso. A estar sola. Sola y en silencio. Cuando lo quiero romper, lo rompo yo. Conecto la radio, pido al patrón lo que necesito y la vuelvo a desconectar. Luego Amkiel me lo trae. También mentiría si dijera que dejé la radio desconectada porque había previsto todo lo que iba a pasar. Una cosa así no la prevé nadie. Una cosa así es imposible que pase…


Si te apetece leerlo, puedes hacerte con un ejemplar de este libro en tapa blanda, justo pinchando en la imagen que te pongo un poco más abajo.

La opción más práctica, rápida y económica es siempre Amazon.

Espero que te resulte tan bueno como me lo parece a mí, esta novela es tan intensa que pasa eso de que “cuando llegas al final, no quieres ni que acabe, ni terminarla”

Si te parece interesante el fragmento de este libro, compártelo con los tuyos a través de las Redes Sociales ¡gracias y felices lecturas!

También puedes echar un vistazo a este otro post, con un fragmento de otra gran obra, Pepa Niebla.

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Acerca de Sonia Molinero Martín

Siempre he querido empezar con este viaje. Acompañarte y que me acompañes.
Mi pasión crónica es Escribir…Ella me ha traído hasta aquí y ya no pienso bajarme de este tren…
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